jueves, 23 de noviembre de 2017

Reina del Desastre

Como kamikazes del amor, confiando en que podrán adivinarnos la mente si realmente nos aman y con una absoluta falta de mínima prudencia nos adentramos en una relación absorbidas por la inercia hipnótica y anestésica de los primeros días del enamoramiento.

Sencillamente entramos envalentonadas, potentes y seguras de nosotras y sobretodo sin querer pensar para no fastidiar el ansiado momento de gloria de cuento de disney en que nos hemos sumergido como yonkis.

Esa despreocupación no es tal, si no simplemente inmersión total en un momento presente a la medida que nosotras mismas hemos dirigido, producido y protagonizado gracias a la inestimable ayuda del ser que nos acompaña en la super producción de turno, que con suerte será otro kamikaze total.

Ya tenemos formado el lío.

La gráfica medidora del atolondramiento comienza a subir vertiginosa y alegre y se percibe como flotar entre nubes de algodón multicolor...

En el momento menos pensado esa voz interior que nos habia estando dado señales que preferíamos ignorar comienza a sentirse con mas volumen y frecuencia aunque seguimos ignorandola olímpicamente.

Nada ni nadie va a fastidiarnos el cuento y nadie dijo además que todo tuviera que ser ni mucho perfecto porque estamos en el mundo real, así que respiramos miramos a otro lado y nos enfocamos en algo que sea idealizable de la otra persona para quitarnos ese pequeño malestar.

Llega un momento en que las señales se vuelven mas claras. Hay que escucharlas y no es nada cómodo pero tampoco podemos acallar la voz interna de cualquier manera, así que comenzamos a admitir muy a regañadientes que ciertamente hay algo que no termina de funcionar.

Este es un punto clave a partir del cual podemos definirnos como Kamikaze o Kamikaze patológico... yo soy de las segundas, las que continuan ahí al pié del cañon con todo el viento en contra confiando en un milagro indefinido que solucione por mí el asunto... Por supuesto en el nombre del Amor (entidad indefinida donde las haya) y sumida en un stand by sin ninguna buena salida. En este punto se puede continuar sin un límite concreto de tiempo depende de lo subida a la parra que estés.




Un buena día con suerte, comienzas a tener una incomodísima ansiedad, un enfado interno que no te permites sentir...

Comienzas a culpar a la otra persona por no haber cumplido con tus expectativas, expectativas que solo estaban en tu cabeza atolondrada por supuesto y que por supuesto el otro si te ama tenia que adivinar.

 Comienzas a sentir rencor... Por que no recibes el feed back esperado con lo poco que pides y todo lo que das... y claro se va resintiendo la relación el intercambio no es tan alegre ni tan fluido ni tan generoso.

Ahí ya no hay mucho retorno posible hacia el desastre. Es el momento en donde ya no puedes engañarte mas y te dices... es terrible pero esto no funciona... Ya algo no vuelve jamás a ser igual...Parece que volvieras a un escenario real después de haber estado brincando por el reino de Oz.

Todo vuelve a ser muy mediocre, y te preguntas el porqué de tu mala suerte, de tu maldición personal, todavía no estás preparada para enfrentar la realidad auténtica donde tambien hay arco iris e incluso nubes de vez en cuando pero no de la forma que tú habias imaginado.

 Aún evitas mirarte muy de frente porque en tu mirada hay un resquicio de auto-recriminación.

Una parte de ti sabe que no tuviste suficiente cuidado, que no tuviste en cuenta las señales a tiempo y que eres una salvaje emocional a veces.. Eso tiene cosas buenas si eres adicta a las montañas rusas y los subidones de adrenalina pero llega un momento que te cansas, además de que se pasa muy mal en los bajones.

Afortunadamente en tu camino aparecen nuevamente señales ahora de que eres capaz de enfrentar el asunto. Hay un cartel indicando una dirección que dice: ¨Tiene que haber otra manera¨ y aunque esta vez eres prudente una pequeña luz de esperanza se enciende en tu corazón.

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